Nikola Tesla y la energía “libre”

Nikola Tesla descubrió que la electricidad se compone de éter, además de la componente electromagnética. James Clerck-Maxwell ya había planteado su posibilidad. Pero Oliver Heaviside, reformulador de las ecuaciones de Maxwell, y Hendrik Antoon Lorentz, escritor de la contracción que fue base de la relatividad especial, la desecharon. Las ondas longitudinales requieren de gradientes de concentraciones de líneas de campo electroestático con un vector de propagación fija unidireccional que siga dichos gradientes produciendo densos picos de cargas pulsantes. Entendiendo que la resistencia de las líneas es una barrera que detiene durante un instante las cargas electroestáticas por un impacto que las densifica hasta un estado comparable al gaseoso de los sistemas de vapor de alta capacitación, Nikola desarrolló un método para generar ondas eléctricas. Las descargas ordinarias de los condensadores producen corrientes oscilantes que la densidad de las cargas contra las que presiona unidireccionalmente el alto voltaje de la dinamo hace imposibles, por lo que forman picos backrush, controlables junto a la tensión mediante la velocidad de la dinamo. Sin necesidad de transmisores, interrumpiendo la alta tensión en corriente continúa se produce una radiación que penetra cualquier material. En 1842, Joseph Henry observó la magnetización de agujas de acero producida por la descarga abrupta y chispeante salida del condesador de Leyden en un edificio impermeabilizado a la electricidad. En 1872, Elihu Thomson, tratando de hacer más visibles las chispas de una bobina Ruhmkorrf grande -convertidora de bajo voltaje de corriente continua en picos de alto voltaje a través de un interruptor que cortaba la corriente-, colocó un polo de la bobina en una tubería de agua fría y conectó a un tablero metálico el otro polo de la misma bobina, que, reactivada, producía una luz impresionante, así como la carga de metales aislados y alejados de ésta, según publicaron en Scientific American. La causa se encuentra en la forma brusca de la descarga por un solo impulso del tiempo en el instante del cierre del interruptor, reforzado por el condensador entre el perturbador sparkgap y la dinamo, cuyo dieléctrico protege a los devanados de la dinamo evitando el rebote para atrás y comprimiendo unidireccionalmente el flujo radiante del éter. El circuito Tesla es una propulsión donde no hay contrapresión que detenga el flujo saliente, porque el magnético interrumpe la vuelta atrás. La carga electroestática se eleva a un máximo de tensión y luego se descarga aun más rápidamente. Los pulsos fluyen a través de la dinamo, que sigue siendo la fuente electroestática. Nikola, ajustando correctamente los parámetros del circuito de válvulas, producía una serie rápida de impulsos unidireccionales muy precisos en el tiempo que se expandían por todo el espacio sin pérdida de intensidad. El campo radiante comprime por zonas neutrales el avance de las ondas de choque vectorialmente unidireccionales, capaces de girar las cargas en la dirección de su propagación. Similar a la antigravedad de John Hutchison, los trenes de impulsos del arco magnético en DC superiores a 0,1 milisegundos de duración producen la vibración y el movimiento de objetos, siguiendo el campo de energía radiante. Para su programa de transmisión de energía inhalámbrica desde la Torre Wardenclyffe, Nikola definió en 1890 los componentes necesarios para la implementación práctica de un sistema eléctrico de distribución de energía 100% radiante, con ondas generadas por impulsos de menos de 100 microsegundos que cruzan toda la materia. Este año, colocó una larga hélice de cobre cerca de su sparkgap magnético desfragmentador de la electricidad, descubriendo una transformación radiante diferente de las electromagnéticas convencionales -comparable al tubo de captación de energía radiante sobre un sparkgap al que Edwin Vincent Gray añadió una placa de carbonita. Por tanto, las longitudes de los arcos de descarga y los grados de las hélices necesitaban de una relación matemática nueva. La clave para la liberación de la energía es la inducción de ondas de choque radiante intensificadas por objetos dieléctricos o conductores que segmentan las componentes eléctricas. Esta onda de choque trata a la bobina igual que a un plano aerodinámico, aumentando la presión eléctrica, en vez de atravesarla en un todo, relacionando matemáticamente a los voltajes de salida con las resistencias o tensión de las vueltas de la hélice, y midiendo corriente y magnetismo cero en cada vuelta o pulgada de estas bobinas, cuya amplificación de tensión es voltaje puro de transformación radiante sin amperios. Atravesando la superficie secundaria de cobre hasta el extremo de la bobina como un pulso de gas en contracción, los impulsos fluyen suave y libremente por el alambre. Sin recepción, la terminal superior de los transformadores carga electrónicamente la punta de los metales cercanos con amperaje interceptado e inexistente en tránsito. Eric Dollard ha medido hasta miles de amperios de corriente interceptiva en los espacios que rodean estos transformadores. La corriente eléctrica no es medible en la corona porque los transportadores de carga son mucho más ligeros que los electrones, que se quedan inmóviles ahogados en la bobina. Los pulsos en movimiento sobre la superficie de la bobina son de naturaleza no eléctrica y análogos a los neutrinos. La manera más sencilla de conseguir luz fría es con el Hairpin circuit que conecta cobre de alto voltaje al sparkgap, fraccionando en dipolo las corrientes electrónicas. Nikola comprendió que capturando estos picos del campo dieléctrico compuesto de flujos de éter se podría obtener energía sin límites. Y aprovechar la energía cinética inherente a las líneas del campo dieléctrico no requiere ningún tipo especial de materia: aumentando por millones el voltaje en los transformadores se intensifica la presión de las corrientes de éter hasta producir trenes de impulsos de naturaleza eléctrica sinuosa e inocua -contraria a la entropía de la corriente convencional.
Con la bobina inferior conectada directamente a la dinamo, la corriente de alta tensión etérica se proyecta desde el terminal superior. Como publicó en The New York Times, Nikola se refería por “rayos vivientes”, a las corrientes de éter restringidas, y por “medio natural”, a la atmósfera del éter que todo lo impregna y que puede penetrar los metales y los aislantes por igual. Reemplazó las bobinas cilíndricas por las cónicas y las planas, maximizando la componente radiante de la electricidad, aunque con descargas de muy baja potencia, por lo que sólo la Torre Wanderclyffe podría emitir uniformemente la energía radiante en todas las direcciones, focalizándola desde su origen, y siendo necesario absorber las descargas etéricas ondulantes, desgastadas por la distancia, con enormes condensadores esféricos de cobre -que debían separarse entre sí para evitar las descargas electroestáticas convencionales mortales de las que Nikola se salvó milagrosamente cuando una chispa de tres metros de largo golpeó sobre su corazón. El aire del alrededor se ionizó emitiendo una luz extraña. La energía radiante crecía acumulándose con el tiempo, demostrando una vez más que se trata de descargas de impulso unidireccional. Paralelamente, Oliver Joseph Lodge afirmó que únicamente por medio eléctrico se llega al éter, mas William Crookes fue el único en conseguirlo. Sin embargo, Nikola sí utiliza el éter para modificarlo, con sus transformadores y la violencia de las descargas de su sparkgap magnético, que es interrumpido para separar los dos portadores, el electrónico y el etérico, en el origen mismo de la generación -condición imposible si se alterna la corriente. El fraccionamiento tiene lugar cuando el alto voltaje se aplica sobre el sparkgap magnético. Los electrones son expulsados por la fuerte influencia magnética, y las corrientes de éter de carga neutra y libres de masa siguen circulando por el circuito, atravesando la materia sin esfuerzo y a velocidad superluminal. Instantáneo a cada impulso radiante hay un movimiento, producido como un rayo sólido, en todos los puntos de su camino, y sin retrasos de la señal en el espacio. Es energía pura, radiante, incomparable a la energía de luz, y sólo manifestada en la tecnología de impulso de Tesla sobre un sparkgap unidireccional.

Presto de instintos, intuición e imaginación, voy a dejar el presente texto por la cinematografía del considerable realizador Krsto Papic, acompañado de un film que también puede ser encontrado con subtítulos en castellano: El secreto de Nikola Tesla.